Saludo del Presidente
Sostenibilidad y territorialidad
Esta Memoria no es un mero ejercicio contable ni un trámite institucional. Es, sobre todo, un acto de transparencia y de gratitud. Para Fundación Caja Navarra es un placer, un privilegio y una gran satisfacción poder explicar lo realizado, lo que hemos aprendido y lo que todavía nos queda por hacer. Porque si una fundación no comparte, se vuelve un tesoro enterrado; y un tesoro enterrado, por muy valioso que sea, no transforma nada.
En 2025 hemos vuelto a evaluar —con objetividad, precisión y esmero— el plan estratégico en marcha. Lo hemos revisado como se comprueba una brújula antes de salir a navegar: para confirmar el rumbo, para ajustar la orientación y para recordar el destino. Y la constatación es clara: observamos un alto nivel de cumplimiento, no solo en los objetivos, sino en la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos; en la firmeza para sostener los programas; y en la permanencia para que el impacto no sea un chispazo fugaz, sino un fuego constante.
Ahora bien, cumplir no es autocomplacencia; cumplir es exigirse. Por eso, esta Memoria también quiere ser espejo además de escaparate: espejo para practicar esa autocrítica que nos protege de la autosatisfacción, y escaparate para rendir cuentas a la sociedad navarra con honestidad. Hemos identificado áreas de mejora —en procesos, en medición, en comunicación, en escucha— porque la mejora no es una enmienda a la totalidad, sino una declaración de madurez. Y, si se me permite la imagen, preferimos la incomodidad fértil del aprendizaje a la comodidad estéril de la psividad, la inercia y el conformismo.
En ese camino, subrayamos dos palabras que no son “etiquetas”, sino palancas: sostenibilidad y territorialidad. La sostenibilidad no es un apéndice; es una manera de pensar el presente con responsabilidad y el futuro con compromiso. Es preguntarnos no solo qué hacemos, sino por qué lo hacemos, para qué lo hacemos y cómo lo realizamos; y hacerlo con la serenidad de quien sabe que los frutos más valiosos son los que resisten el paso del tiempo.
Y la territorialidad, en nuestro caso, no es un mapa colgado en la pared: es una manera de ser y de estar. Estar cerca, estar presentes, estar disponibles; en lo urbano y en lo rural; en los centros y en los márgenes; con una Navarra completa que va —por decirlo con una referencia geográfica que ya sentimos como propia— desde Cortes hasta Bera. Porque honrar nuestro apellido “Navarra” es, precisamente, no dejar a nadie fuera del perímetro del cuidado, de la cultura, de la innovación social y de las oportunidades.
Por último —y aquí sí digo “por último” con disciplina espartana— esta Memoria 2025 quiere ser también una invitación. A seguir construyendo alianzas, a sumar dentro para multiplicar fuera, a convertir ideas en acciones y acciones en bienestar. Y a recordar que lo que no se comunica, no existe: por eso contamos lo que hacemos, cómo lo hacemos y para quién lo hacemos; con el convencimiento de que el impacto social no se proclama, se demuestra. Gracias por leernos; y, sobre todo, gracias por caminar a nuestro lado.
